Miércoles, 31 de marzo del 2021

La pintura de Manuel Domingo Pantigoso

Una mirada a las características de su pintura, a treinta años de su fallecimiento.

La pintura de Manuel Domingo Pantigoso
El estilo de Pantigoso está gobernado por la síntesis y la concentración, pero también por su gran expansión, su variedad, su grafismo, su oralidad visual.

Dr. Manuel Pantigoso Pecero

Director de la Oficina Central de Extensión Cultural y Proyección Social

José Wagner, un destacado maestro y crítico de arte, dijo, en las primeras décadas del siglo pasado, frente a los cuadros del pintor arequipeño: “Pantigoso es un genio que la posteridad hará justicia”. Esta predicción, referida al gran talento y a la proyección del artista, se fue confirmando con los años. Fue llamado “el poeta del color” y “el pintor del siglo XX”. Actualmente, a treinta años de su fallecimiento, su obra alcanza un lugar destacadísimo dentro del desarrollo de las artes plásticas en el Perú. Veamos algunas características de su pintura.

DIFERENCIAS

Al contrario del indigenismo que fundamentalmente proponía la descripción objetiva y sociológica del mundo externo específico, Manuel Domingo Pantigoso (Arequipa 1901-Lima 1991) se volvió, primero, hacia la naturaleza en la búsqueda de su yo profundo y, desde allí hacia una totalidad presente en el fenómeno sujeto-objeto, desde la propia conciencia en donde palpitan los orígenes del mundo andino, sobre todo en Arequipa, Cuzco y Puno en una simbiosis de naturaleza y estado de alma. Así encontró la presencia del otro a partir de la penetración en la hondura de su ensimismamiento y subjetividad.

De aquí surgirá precisamente la modernidad vanguardista de su pintura, su clara inclinación hacia la estilización, la síntesis y la decoración iniciática. Esa estructuración de sus cuadros lo llevaría, también, al “paisaje” múltiple, holístico y ritual del mundo interior en donde confluyen los símbolos de la iconografía del Ande, envueltos por una espiritualidad trascendente.

Es sabido que el espacio-tiempo desde la categoría conceptual del Tinkuy andino, es decir, de la unidad de los contrarios, del “allá” en el “acá”, y viceversa, conforma una unidad indestructible de imantación recíproca. Esta corriente en la filosofía, en el arte en general y en la pintura – que representa la obra de Pantigoso – se denominaría ultraorbicismo (palabra acuñada por Gamaliel Churata) al referirse precisamente a la refracción interna y externa del ensimismamiento, de ese “mirar hacia adentro” (del “allá” en el “acá”).

En este simultaneísmo estético, el “allá” será su basamento, aquello que cobija la mirada diacrónica dirigida al pasado, al ayer, a la historia, que se concretiza en el “cunan” (en el ahora, en el “acá” de un momento dado). Aquí está la estirpe antropológica de los elementos naturales y de los personajes que habitan en los cuadros de Pantigoso, cuadros de modernidad raigal, estructurados dentro de un estilo inconfundible en donde lo estático en movimiento y lo dinámico en esencia ultraórbica se plasman en latidos de agitada geometría circular, de espirales envolventes y que componen distintos ritmos interiores para sus acuarelas, témperas y óleos.

PINTOR ESTRUCTURAL

El estilo de Pantigoso está gobernado por la síntesis y la concentración, pero también por su gran expansión, su variedad, su grafismo, su oralidad visual. En esta impronta aglutinante, el binomio línea-color unido a la atmósfera poética y musical permitirán reconocer la “textura” original de su voz plasmada en su paleta.

El proceso-progreso de la concentración en este pintor estructural se ha de sustentar en los referidos tiempo detenido y espacio en movimiento, como unidad dialéctica del mundo andino y de la obra de Manuel Domingo Pantigoso, artista fundador de los Independientes (tres salones: 1937, 1940 y 1963) y de la vanguardia ultraórbica andinista que desde el sur del país saltó hacia lo universal al pintar lo nacional desde una perspectiva trascendente y metafísica, propia de una generación que nos impulsó para concebir al Perú “al pie del orbe”, como lo quería César Vallejo.

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