Miércoles, 31 de marzo del 2021

Patricia Ramírez Flores

Nuestra egresada es Socia de Auditoría en EY Perú.

Patricia Ramírez Flores
Actualmente es contadora pública colegiada, tiene una maestría en Administración de Negocios y es Socia de Auditoría en EY Perú.

EY Perú es parte de la prestigiosa firma internacional EY, compañía que se encarga de proveer servicios de auditoría, impuestos, contabilidad, consultoría en temas legales y valorizaciones a empresas públicas y privadas. Patricia Ramírez Flores, nuestra exitosa egresada de la Escuela Profesional de Contabilidad y Finanzas de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, es Contadora Pública Colegiada, posee una maestría en Administración de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez y trabaja en EY Perú desde hace 21 años.

Comenzó como practicante y hoy es Socia de Auditoría en el área de Assurance. “Nuestra labor como auditores finaliza con la emisión de los dictámenes o conclusiones de auditoría de nuestros clientes aquí en el Perú y los socios somos los responsables de firmarlos”, explica.

Cuenta que cuando estaba en la Universidad Ricardo Palma (URP), muchos de los profesionales de contabilidad que querían especializarse en auditoría soñaban con entrar a trabajar a una Big Four, que es como se conoce a las cuatro más grandes empresas de auditoría internacional: Ernst & Young (ahora conocida como EY), PricewaterhouseCoopers (PwC), Deloitte y KPMG. Con ese objetivo en mente, y aun cursando sus últimos ciclos, se presentó al proceso de selección de EY en julio de 1999 y en diciembre le confirmaron su ingreso. Lo había conseguido. Allí comenzó una aventura laboral que continúa hasta el día de hoy.

“Cuando uno ingresa como practicante o asistente realiza mucha labor operativa según las instrucciones del jefe de equipo inmediato. Al comienzo utilizas todos los conocimientos que has recibido en la universidad, todo lo que has leído y entrenado, y después vas profundizando en el objetivo y conociendo muchos negocios. Pasas a encargado, que es un jefe de equipo todavía con apoyo; luego a senior, a gerente, a gerente senior, a director y, finalmente, a socio. Cada etapa significa varios años de labor y la responsabilidad aumenta tanto frente al cliente como dentro de la firma. Hoy, como socia, soy la responsable de todo lo que hace el equipo de auditoría”, detalla nuestra egresada.

Agrega que uno de los principales desafíos en el trabajo del equipo de auditores es el trato con el cliente. Obtener la información necesaria de la empresa contratante, procesarla y validar sus estados financieros exige explicarles con claridad a todos los involucrados que el servicio de auditoría les ayudará a que mejoren sus procesos y a que todo se registre y revele según lo indican las normas de contabilidad. “Esto a veces no es muy fácil. No todos miran con buen ojo al auditor porque viene a revisar qué se hizo bien y qué se hizo mal. Debemos conseguir que el cliente esté tranquilo y colabore, eso significa trabajar organizadamente y con los objetivos claros”.

EN LA UNIVERSIDAD

Patricia recuerda con cariño su etapa en las aulas de la URP y califica esos años como los mejores de su vida. Allí, entre clases y prácticas, conoció a muchos de sus mejores amigos, a los que frecuenta hasta hoy. Todos son contadores y cada uno se ha desarrollado en distintas líneas. Algunos se dedican a la docencia y, en general, han crecido mucho. Es cierto que la pandemia los obligó a perder momentáneamente el contacto y a extrañarse, pero las redes sociales han mantenido vivos sus lazos.

“Tengo un grupo de amigos muy bonito de aquella época. Recuerdo también a varios profesores que nos daban ejemplos reales de lo que pasaba fuera de la universidad, más allá de lo que veíamos en los libros, y siempre la experiencia en el campo es lo que te queda grabado y te hace entender mucho mejor lo que te transmiten. Con ellos aprendí a sentir pasión por la profesión, a comprender que realmente somos partícipes de cosas importantes. Eso es algo que hay que recalcar en los estudiantes de hoy para que sigan ocupando espacios importantes dentro de las empresas”, opina Patricia Ramírez.

Fue justamente cuando estudiaba en la URP que consiguió su primer trabajo, gracias a que desde el primer semestre llevó cursos de carrera. Esta ventaja le permitió encontrar empleo tempranamente, en un estudio contable. Allí empezó a entender las líneas de comunicación que deben seguir una transacción, los impuestos, qué es verdaderamente la Sunat y lo que pide, qué hay que mantener en orden y qué es lo que tanto estresa a un equipo contable en un cierre de mes o una presentación de declaración anual.

“Esta experiencia me dio un conocimiento adicional que luego me sirvió en la auditoría, porque el contador es el que hace y el auditor es el que revisa, pero el auditor tiene que saber cómo se hacen las cosas para validar que todo está bien”, dice.

Hoy, como socia de EY Perú, nuestra egresada tiene bajo su responsabilidad una importante cartera de clientes. Además, el avance de la tecnología ha vuelto más compleja su labor. Las épocas de las revisiones de facturas o guías de remisión han dado paso al manejo de complejas bases de datos que abarcan todo lo que se vendió, se despachó o se administró. Este cambio obliga a un análisis mucho más profundo que el de hace unas décadas para verificar si se ha producido alguna alteración de información en los procesos, que pueden deberse a errores humanos o intereses personales.

“Nuestro objetivo no es encontrar un fraude, pero sí tener la tranquilidad de que hemos hecho lo que por norma deberíamos. Como firma internacional, cada problema que pasa afuera nos obliga a aumentar procedimientos para asegurarnos de que ninguna anomalía que pase por nuestras manos deje de ser detectada a tiempo. Esto se traduce en dedicarle más horas a nuestra labor, en hacer más pruebas y en tener más gente capacitada y bien entrenada para que podamos realizar un buen trabajo”, puntualiza Patricia Ramírez.

Todo este sacrificio y dedicación necesita contar con un escape que permita olvidar por un momento los números y la presión del día a día. La socia de EY Perú encontró ese espacio en la cocina y los sabores nacionales, tema que le interesa desde hace muchos años. Pero no contenta con experimentar en casa, un día decidió llevar un diplomado de comida peruana. Después vino un taller de pescados y mariscos, luego otro de coctelería, y sin darse cuenta los cursos fueron multiplicándose. El último fue un programa de cata que la llevaría a convertirse en sommelier, pero que se interrumpió con la llegada de la pandemia.

“Todos los que lideramos equipos tenemos la responsabilidad de compartir e inculcar no solo temas técnicos, sino también valores. Es muy grato ver que realmente trasciendes en la gente. Yo trabajo con muchos equipos super diversos de chicas y chicos, algunos de los cuales están aún en la universidad, como yo cuando empecé, que tienen ambiciones y se enfrentan a nuevas situaciones, y formarlos de alguna manera es lo más valioso que hay”, concluye.

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