Viernes, 3 de septiembre del 2021

Pbro. José Santos Liendo Díaz

Egresado de Ingeniería Industrial es guía espiritual en tres distritos de Moquegua.

Pbro. José Santos Liendo Díaz
Nuestro exalumno lanzó la campaña de solidaridad “Respira Omate”, para ayudar a enfrentar la pandemia de la COVID-19.

José Santos Liendo Díaz no solo es ingeniero industrial de la Universidad Ricardo Palma. Luego de graduarse, sintió el llamado del Señor y no dudó en seguirlo. Hoy es sacerdote diocesano y se desempeña como guía espiritual en los distritos de Omate, Coalaque y Quinistaquillas, en la provincia moqueguana General Sánchez Cerro. Sin embargo, esto no quiere decir que haya dejado de ejercer su profesión. “La carrera la sigo llevando conmigo, no la he dejado. Aporto mucho a todo lo que son proyectos, administración y sistemas. Claro que ahora no cobro. Esa es la pequeña diferencia”, comenta.

PRIMEROS PASOS

Tras titularse como ingeniero, su primer encargo fue instalar una planta de productos de concreto para la Municipalidad Provincial de Tacna. Asumir tamaño compromiso era todo un desafío para un muchacho que recién comenzaba en el mundo ingenieril, pero él estaba totalmente confiado en los conocimientos adquiridos en la Universidad. Cuenta que lo llevaron a una zona desértica, donde debía funcionar la fábrica. “Comencé revisando el proyecto, y con qué maquinarias y equipos contábamos; luego, hice el diseño y los cálculos necesarios. Me encomendaron desde la construcción hasta la instalación. Ese primer trabajo me hizo ganar confianza”, detalla.

Por esos años también estuvo a cargo de la renovación de módulos de sistemas en la ladrillera Martorell y trabajó en la producción de gaseosas en Embotelladora Tacna. “No me podía quejar. Me sobraba trabajo. Hasta ahora el ingeniero industrial es muy cotizado”, señala.

Estaba preparándose para incursionar en la producción de vinos y licores cuando comenzó a acercarse cada vez con más intensidad a la Iglesia. La atracción espiritual fue creciendo hasta que finalmente, después de participar en un retiro vocacional, tomó la decisión de seguir la vida sacerdotal. Fue un giro inusual, pero esto no significó que abandonara su carrera. Como él mismo comenta, uno no deja de ser ingeniero nunca. Así cuando viajó a Colombia para llevar sus estudios teológicos, elaboró un sistema informático para la administración del seminario o casa de formación. Posteriormente, utilizando la plataforma Access, creó un sistema para la administración parroquial, que incluye control de actas y libros.

“Estuve seis años ejerciendo la profesión de ingeniero antes de ingresar al seminario para ser sacerdote, pero la carrera la he seguido llevando conmigo”, subraya.

TRABAJO EN PANDEMIA

Para enfrentar la pandemia, y ante el colapso en la capacidad del hospital de Moquegua, nuestro egresado elaboró un perfil de proyecto para una planta de generación de oxígeno y de llenado de tanques, con un costo estimado de 300 mil soles. El objetivo era apoyar los tratamientos en domicilio y en el Centro de Salud Omate. Inmediatamente, liderando a las autoridades locales, lanzó la campaña de solidaridad “Respira, Omate”, pero solo alcanzó a reunir la suma de 60 mil soles. “Frente a esta situación, hablé con el alcalde de la provincia y él se comprometió a asumir el reto”, explica.

Quedaba decidir qué hacer con el dinero recaudado. Por esos días se difundió mucho la utilidad de los equipos de generación de oxígeno portátil, así que la comisión encargada del proyecto decidió adquirirlas. El Pbro. Santos Liendo pidió cotizaciones y averiguó cuál era el modelo más recomendable para zonas de sierra, pues por la altura el rendimiento baja al 70%. “El dinero nos alcanzó para comprar 13 unidades. Sin embargo, debo decir que esto fue por pura gracia de Dios, porque a los 15 días vino la segunda ola y los precios subieron tanto que esos 60 mil soles que invertimos se capitalizaron en 300 mil”, narra.

La adquisición incluyó mascarillas y oxímetros. Además, con ayuda de Cáritas, también pudo llevar canastas de víveres a algunos hogares afectados económicamente.

En lo espiritual, comenta que su trabajo no se ha detenido ni un día. Esto lo llevó a contagiarse del virus al comenzar el año pasado e inclusive a tener dos recaídas. “Algunos me dicen: “Mi padre murió por COVID, ¿puede ir a celebrarle las exequias?”; y yo digo: “Sí, voy, ¿cuál es el problema? Si se requiere estar en campo abierto, en campo abierto lo celebramos, pero va a tener su cristiana sepultura”. Al principio, la situación fue traumática para muchas personas, porque enterraban a sus familiares o se los entregaban en un cofrecito sin haberlos visto. Es allí cuando los sacerdotes, con ayuda de algunos psicólogos, llevamos tranquilidad espiritual o mental, según el caso”, explica el padre.

Comenta que aun estando de viaje no deja de celebrar la misa para sus feligreses y se los transmite a través de las redes sociales, alentándolos siempre, principalmente cuando tienen o han tenido enfermos.

El Pbro. José Santos es también uno de los pocos sacerdotes en el Perú autorizados para la práctica del exorcismo. Su primer caso lo resolvió sin autorizaciones y solo con oración, cuando aún no se recibía sacramentalmente. Esto le originó algunas llamadas de atención y advertencias. Posteriormente, ya ordenado, obtuvo la encomienda y el ritual respectivo. “La mayor cantidad de casos los he resuelto en Colombia, donde profundicé en la vida espiritual como monje. En mis vacaciones, viajaba y atendía posesiones, sanación interior y de liberación con las personas sujetadas. Con la intervención directa de Dios, todo se resolvía y la persona podía volver a la sociedad”, dice.

EN LA UNIVERSIDAD

De su época universitaria, lleva los mejores recuerdos, como el estudiar en grupo, hacer vida en comunidad y ver cómo la universidad iba creciendo año tras año. “Cuando nos dijeron que pasaríamos a los pabellones nuevos, estábamos tan contentos como niños en casa recién estrenada. También recuerdo la exigencia de los profesores. Como éramos las primeras promociones de ingenieros industriales nos decían: “Ustedes tienen que abrir las puertas a los que vengan atrás”. Contábamos con buenos catedráticos y estudiábamos a conciencia. Yo tenía facilidad para estar en diferentes grupos y creo que hice amistad con todos”, comenta.

Agrega que estuvo presente en los 25 años de Ingeniería Industrial y guarda como recuerdo la medalla de plata que le entregaron. También se mantiene comunicado con sus compañeros a través del WhatsApp institucional, de las publicaciones y las invitaciones académicas. Además de su carrera, egresó a nivel universitario en el área de Filosofía; consiguió un bachillerato en Teología y hace tres años estuvo estudiando para una licenciatura en Derecho Canónico.

Resalta que entre las cualidades de un ingeniero industrial están su amplitud de conocimiento, la habilidad para tomar decisiones clave, la calidad de sus análisis de riesgo y la inclinación hacia lo práctico. Mientras tanto, continúa dirigiendo a la feligresía de unos 32 pueblos. “Hago lo que puedo, porque es un trabajo muy grande, pero Dios sabe sacar adelante a los que estamos en esta labor. Al final, uno termina de gestor nada más, y hay que ponerlo todo en manos de Dios”, concluye.

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