Viernes, 30 de abril del 2021

Análisis de las Elecciones Generales 2021

Entre el temor y la desesperanza del vacío o el acuerdo de voluntades y confianzas por el rescate de la dignidad.

Análisis de las Elecciones Generales 2021
Los postulantes al sillón presidencial deben presentar una versión simplificada de sus propuestas y programas.

Lic. Estanislao Villasante Rivera

Coordinador general del Programa de Estudios Profesionales por Experiencia Laboral Certificada – EPEL

Sin duda, las dos actividades que nos han tenido ocupados desde el 8 de julio —fecha en la que convocara a las Elecciones Generales 2021 el Ing. Martín Alberto Vizcarra Cornejo, ex presidente de la República (23.03.2018 -11.11.2020)— hasta el domingo 11 de abril han sido, por un lado, el evento electoral previsto por la Constitución Política del Perú como el acto democrático más importante de la institucionalidad del país y, por otro, la pandemia, que viene diezmando a la población mundial y a nuestro país, con un registro de 53,725 fallecidos (433 el día 18 de abril) y que ha afectado en lo medular nuestra ya deteriorada y maltratada política sanitaria.

En ese contexto, el reto de aportar ideas en torno a las alternativas decisionales que como ciudadanos nos corresponde afrontar en la segunda vuelta fijada para el domingo 6 de junio obviamente no debe tener como horizonte el 28 de julio, fecha en la que habitualmente después de un proceso electoral descansamos nuestros miedos e incertidumbres o hacemos catarsis vía la responsabilidad que a partir de ese día asume el nuevo portador de la banda presidencial.

Con un horizonte mayor y periódicamente renovado luego de la evaluación al final de cada quinquenio, la perspectiva nos invita a reflexionar acerca de lo que le espera al Perú como Estado y sopesar las consecuencias de la ejecución de los programas que cada jefe de gobierno pone en práctica desde el primer día en que la nación, representada por el Congreso, le encomienda el liderazgo de conducir voluntades y abrir espacios de participación en la construcción o reconstrucción de la democracia. Sin duda, todo dependerá del enfoque con el que gestione el plan o programa gubernamental. En ese sentido, o se inclina por actitudes autoritarias y excluyentes o inaugura oportunidades de participación ciudadana, desde una perspectiva conciliadora e inclusiva, en el marco del rescate de lo esencial de la economía social de mercado en nuestro país.

Desde esa óptica, y como provocación politológica de pensar en el Perú real, afrontemos el reto de superar la ingenua propuesta de un segmento poblacional de votar por el mal menor o de abstenernos y sumirnos en el silencio involuntario, ese silencio del que se esconde detrás de la ventana y espera ver qué le sucede al vecino para recién tomar una decisión.

Antes es conveniente tener en cuenta que los resultados de la primera vuelta no cubren ni el 50%, en promedio, de los resultados que alcanzó (13.364%) uno de los candidatos al final de la primera vuelta en las elecciones del año 2016 (39.86%). Además, la población electoral 2021 está focalizada en un 65.5% fuera de la Región Lima y que, frente a ese contexto, el candidato con 19.097% obtuvo el 92.17% de votos y el candidato que alcanzó el 13.364% logró el 86.814%; es decir que las motivaciones electorales para las regiones ubicadas fuera de Lima tienen que ser innovadoras, además de realistas y alejadas de cualquier populismo o reivindicación a ultranza, léase revancha u odio de clase inducido.

Es allí donde surge el consejo sartoriano de considerar los diversos aspectos de la realidad política con el fin de explicarla lo más completamente posible. De hecho, no vamos – por ahora – a propiciar motivación alguna para explicarla desde los extremos, es decir, desde el programa marxista- leninista -mariateguista inserto en el pensamiento de quien está detrás de la primera opción cuantitativa o desde el programa familiar a perpetuidad en el poder imaginado por quien, entre bambalinas, aún espera con cínica sonrisa que le adornen la calvicie con la genuflexión de obedientes militares o histriónicas maniobras presidenciales que encubran una vez más sus evasiones y desvergüenzas, como también espera que el pase a la segunda vuelta de la dama que vio crecer en palacio se consolide al verla ungida como presidenta, no obstante ser interpretada por un importante segmento poblacional como la síntesis de la corrupción en el Perú.

A estas alturas, no podemos saltar al vacío envueltos en el resquemor de las desconfianzas y miedos derivados de la primera opción o en el olvido y cinismo institucionalizados de quien nos ofrece el látigo de la mano dura para el autoflagelo y la opción del sadomasoquismo para un pueblo sobre el que pesaría la amenaza del incremento de su incultura política y del sometimiento consentido, que por cierto sería muy, pero muy, grave. Consideramos que ha llegado el momento de exigir a los postulantes al sillón presidencial a que hagan docencia para presentarnos una versión simplificada – para una mejor comprensión – de las líneas marco de sus propuestas y fundamentalmente de los PROGRAMAS que nos permitan orientar la racionalidad del voto que necesitan para ser considerados como la mejor opción a partir del 7 de junio.

¿Será posible lograr este propósito?, y ¿cómo hacerlo viable?

La iluminación para salir del entrampe está frente a nuestros ojos: EL ACUERDO NACIONAL. Qué mejor opción para que los dos candidatos se sienten a la mesa con la intermediación de un moderador elegido entre ambos para cotejar sus opciones con cada una de las POLÍTICAS DE ESTADO ya existentes y motivarlos a diseñar, desde los partidos que representan, un programa mínimo y máximo que oriente mejor al elector y de paso le restituya la confianza y decencia necesaria para depositar su voto. Y, por coincidencia, en el marco de la celebración del Bicentenario en el Perú.

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